Ante la libertad

¿La IA nos hace tontos?

Kenyi Martin Alcántara · 1 de noviembre de 2026

La pregunta está mal hecha. Lo que empiezan a medir los estudios no es si te vuelves tonto. Es si te fías de lo que no sabrías comprobar.

En septiembre escribí en Fundador Supremo que la IA es un esteroide para las neuronas, y sin entrenamiento no le sacas nada. Con los ensayos en aulas de Turquía y Harvard, la conclusión era que importa cómo la usas y quién levanta el peso, tú o la máquina. Los datos de 2026 cuentan qué pasa cuando lo levanta la máquina.

Lo que contaron 80.508 personas

En marzo de 2026 Anthropic publicó las entrevistas a 80.508 usuarios de Claude de 159 países sobre lo que la IA les da y lo que les quita. Un 17 % mencionó el miedo a perder capacidad por depender de ella. Casi la mitad de ese grupo, un 46 %, dice haberlo visto ya en primera persona.

Quien más lo ve es quien enseña. Los docentes declaran haberlo presenciado entre dos veces y media y tres veces más que la media, se supone que en sus alumnos. En cambio, los trabajadores de oficios casi no lo ven. Un 4 %.

Ahorrar tiempo es lo que más se cita, lo menciona la mitad. Pero un 19 % teme acabar perdiéndolo, por ejemplo por tener que comprobarlo todo o porque el trabajo se acelera. Autónomos y dueños de pequeños negocios son los que más cuentan las dos cosas a la vez. Uno de los entrevistados lo resume así.

«Un asistente que suena seguro pero se equivoca a menudo te obliga a sospechar de todo. En vez de liberar atención, crea un impuesto permanente de comprobación.»

Y decidir es el único terreno del estudio donde pesa más lo malo que lo bueno. Un 22 % celebra que la IA le ayude a decidir. Un 37 % se queja de que le estorba por sus errores.

Más seguro y más equivocado

Steven Shaw y Gideon Nave, de Wharton, lo llaman rendición cognitiva. En sus experimentos la gente resolvía preguntas de lógica con ChatGPT disponible y sin obligación de usarlo. Lo consultaron en más de la mitad de los casos. Cuando los investigadores hacían que la IA diera una respuesta equivocada, la adoptaban más del 80 % de las veces. Según los autores, tener la IA a mano cambia también lo seguros que nos sentimos de respuestas que no hemos examinado.

Lo que dice el libro

El capítulo 5 de Ante la libertad describe ese mecanismo sin medirlo.

«cuando me acostumbro a aceptar resultados que no sabría reconstruir ni evaluar en sus pasos críticos, mi confianza percibida puede crecer mientras mi capacidad efectiva se estrecha.»

Capítulo 5, «Capacidades prestadas»

Y la Apertura añade un coste que no es el de comprobar, el de discutir una respuesta y apartarse de lo que se da por correcto.

«La asistencia abarata cada vez más producir una respuesta, y discutirla puede encarecerse al mismo tiempo.»

Apertura

Pero el libro no dice que la IA atonte. Dice que de una respuesta convincente no se deduce nada por sí sola, ni que hayas aprendido ni que hayas perdido. Y que delegar no es el problema. «Necesitar apoyos no rebaja a nadie.»

Lo que estos datos no dicen

El estudio de Anthropic recoge lo que cuentan usuarios de Claude que aceptaron una entrevista, clasificado con modelos de la propia empresa. Es lo que la gente declara, no una medida de su capacidad. El de Wharton es un documento de trabajo sin revisión por pares, hecho en laboratorio con preguntas de lógica. Ninguno demuestra que la IA nos haga tontos. Los dos apuntan a lo mismo que el libro. La confianza puede ir por delante de lo que sabes comprobar.

Fuentes

El capítulo 5, «Capacidades prestadas», está en Ante la libertad. Tapa dura, 17,77 €. Kindle, 7,77 €.

Cómpralo en Amazon